¿Para qué utilizamos el espacio de la azotea, la llamada sala de fiestas y muchas de las áreas comunes? Para nada o para muy poco, podría ser una respuesta inicial. ¿Podemos poner los espacios de la comunidad al servicio de nuestra felicidad? La respuesta es sí.
Un primer ejemplo, para solucionar el problema de las necesidades de las mascotas, en varios edificios han delimitado un área con una reja de pequeña altura, con portezuela. Se trata del baño para las mascotas. En días lluviosos o cuando no es conveniente salir a la calle, los propietarios usan el espacio y no hay quejas.
En otros conjuntos han concretado tareas dirigidas en las tardes, clases de yoga o de Pilates en las noches y reuniones de scouts o rotarios en horas nocturnas. También los sábados y domingos en la mañana le han dado uso, para clases o reuniones de ventas. Obviamente, además de diversión y crecimiento personal hay ingresos para la comunidad.
En Europa y Estados Unidos crece el movimiento de siembra de plantas en las azoteas para disminuir la temperatura en los edificios, producir alimentos o hierbas para gastronomía o salud y para ocupar el tiempo de jubilados o jóvenes. Los resultados en volumen de productividad son sorprendentes. Algunos tienen verdaderos invernaderos o utilizan la hidroponia.
Diferentes clubes de vecinos, video clubes, competencias de video juegos, reuniones espirituales o entretenimiento para niños y tercera edad son posibles, basta que pensemos creativamente sobre nuestras áreas comunes.
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